Comenzamos nuestro tercer día con una visita que también figuraba en mi agenda como "pendiente": Greenwich.
Para llegar allí, tomamos el DLR (Docklands Light Railway) o "cercanías" de Londres. La verdad es que fue una experiencia muy agradable poder prescindir del transporte bajo tierra una mañana.
La siguiente parada es el National Maritime Museum, dedicado a la historia de la navegación en Gran Bretaña, siendo el museo más grande en su género del mundo. Destaca la "Nelson Gallery" donde se conserva el uniforme que llevaba puesto Nelson en la batalla de Trafalgar, con su sangre y el orificio de la bala que le causó la muerte. Como buena freaky, tomé una fotografía.
Desde ahí y cruzando una calle nos adentramos en Greenwich Park, una extensión de 74 hectáreas repartidas en un rectángulo de 1000 por 750 metros.
En el centro del parque y sobre la cima de una colina se encuentra el Old Royal Observatory. La historia del observatorio viene asociada a la longitud terrestre, conocida como GMT (Greenwich Mean Time). En 1884 la Conferencia Internacional de Washington estableció que el primer meridiano o Meridiano 0 sería Greenwich. En 1978 se adoptaría la hora universal de la que se deriva el huso horario mundial actual.
La línea imaginaria que divide el mundo en este y oeste es una atracción turística y la foto con un pie en cada lado de la línea que divide el planeta en dos es casi obligatoria. Trataron de cobrarnos 7 libras (8.13€) por cabeza para pasar al patio del Meridian Building así que no hay foto, ni siquiera la de tres metros más adelante, ya fuera del recinto. Cabezona que es una...
Greenwich no termina en el observatorio, bajando del parque, a pocos metros nos encontramos en Greenwich Market, un mercado pintoresco que tiene su principal actividad el fin de semana, nosotros fuimos en lunes pero aun así, encontramos regalos originales como artesanía, juguetes en Compendia, dulces en Mr Humbug, puzzles y láminas originales...
La última recomendación de Greenwich es Trafalgar Tavern, siguiendo los pasos de Charles Dickens, nos tomaremos una pinta en una taberna de 1837 mientras vemos la gran masa de agua del Támesis.
(Llevan 150 años sirviendo los boquerones más frescos de Londres pero....no nos fiamos).
En esta estación se encuentra el andén 9¾.
El sitio estaba plagado de turistas y, como no, había un señor que te ponía una bufanda y te hacía una foto simulando la entrada a través del muro.
Mi acompañante no quiso hacerse la foto (y yo no soy tan fan) así que aquí dejo la foto del carrito.
Finalizamos el día con unas compritas, pero no unas compras cualquiera, nos fuimos a Hamleys, una de las jugueterías más grandes del mundo. Yo era reticente a ir...¿Pero qué tiene de interesante una juguetería? Ahora recomiendo la visita. Son siete plantas de juguetes de todo tipo especializadas en temas, 5000 metros cuadrados de diversión en los que los dependientes disfrazados hacen demostraciones de los juguetes. Fundamental para ir con niños y con adultos que aun sepan divertirse. Me encantó toda la tienda pero en especial la zona de juguetes teledirigidos y, sobre todo, la zona de Lego, es espectacular lo que se puede construir con un puñado de fichitas.Tras esta feliz regresión a la infancia y aprovechando que estábamos en pleno centro, nos despedimos del corazón de la ciudad y marchamos al hotel.
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